El Camino de la Transfiguración
Cristo es el Espíritu del planeta en el verdadero sentido de la palabra. De ahí que el camino de la transfiguración sea un camino muy concreto; consiste en seguir a Cristo con una vida de actos reales. Al igual que Jesús de Nazaret se transformó en Jesús el Cristo, todos nosotros debemos despertar a la vida verdadera por la Fuerza de Cristo que actúa en nosotros. Esta única realidad exige del candidato una autorrevolución completa para que el templo divino pueda volver a ser erigido en él en tres grandes fases: Nacer de Dios, perecer en Jesús y renacer por el Espíritu santo.
Nacer de Dios.- El hombre se vuelve consciente de su origen divino y reconoce al mismo tiempo la realidad caída de su existencia separada del Mundo Original.
Perecer en Jesús.- El ser del "yo" limitado se retira, se aparta voluntariamente como ofrenda para que el Alma Nueva, Jesús, pueda renacer en el microcosmos.
Renacer por el Espíritu Santo.- Gracias a la ayuda del Alma Nueva, el Cristo puede llevar a cabo el renacimiento, la resurrección del Hombre Celeste.
En completa libertad dentro de la Escuela de la Rosacruz Áurea, el alumno debe llegar dentro de sí mismo al descubrimiento de que el cristianismo es cuestión de una vida de actos, apoyados en el anhelo del Atomo Crístico del Corazón: "El Reino de Dios está en vosotros. Está más cerca de vosotros que las manos y los pies".
Nacer de Dios.- El hombre se vuelve consciente de su origen divino y reconoce al mismo tiempo la realidad caída de su existencia separada del Mundo Original.
Perecer en Jesús.- El ser del "yo" limitado se retira, se aparta voluntariamente como ofrenda para que el Alma Nueva, Jesús, pueda renacer en el microcosmos.
Renacer por el Espíritu Santo.- Gracias a la ayuda del Alma Nueva, el Cristo puede llevar a cabo el renacimiento, la resurrección del Hombre Celeste.
En completa libertad dentro de la Escuela de la Rosacruz Áurea, el alumno debe llegar dentro de sí mismo al descubrimiento de que el cristianismo es cuestión de una vida de actos, apoyados en el anhelo del Atomo Crístico del Corazón: "El Reino de Dios está en vosotros. Está más cerca de vosotros que las manos y los pies".



